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Las encomiendas de Fidel serán cumplidas

Julio L. Jova Ramírez junto a Fidel
Julio L. Jova Ramírez junto a Fidel

Fecha: 

20/12/2016

Fuente: 

Sitio web 5 de Septiembre

Autor: 

De vasta experiencia como médico veterinario, labor en la que se ha desenvuelto durante más de 30 años con relevantes resultados, ahora al frente de la Unidad Empresarial de Base (UEB) de la Empresa de Ganado Menor de Cienfuegos, EGAME, Julio L. Jova Ramírez vivió una de las experiencias más inesperadas y edificantes de su vida junto al Comandante en Jefe Fidel Castro.
 
Aunque lo recuerda como si hubiera acontecido ayer, este hombre abnegado, entregado por entero a su quehacer laboral, participaba en La Habana en el congreso de la Federación de Ovejeros y Cabreros de América Latina (FOCAL), auspiciado por la Asociación Cubana de Producción Animal, de la que es miembro de su Salón de la Fama.
 
“Para pertenecer a esa entidad, explica, se toma en cuenta, fundamentalmente, los aportes y dedicación a estas especies.
 
“EGAME actualmente se dedica a producir y comercializar carne, animales, derivados de las especies ovino-caprino, cunícula y, en los últimos tiempos también se le está poniendo mucho énfasis a su función rectora de la genética en estos espacios en el país. Eso equivale a mejorar la empresa de manera que incremente su productividad.
 
Pero dejemos que sea el propio Jova quien cuente su experiencia del encuentro con el líder de la Revolución Cubana:
 
“Estando en el hotel, una noche me contacta un compañero del grupo de trabajo de Fidel y me plantea que el Comandante en Jefe tiene interés en conversar conmigo. Le pregunto, ¿qué comandante? Y me respondió: ‘¡qué Comandante va a ser!…’.
 
“Al día siguiente contactaron conmigo en el propio Palacio de las Convenciones y me llevaron hasta la casa de Fidel.
 
“Llegamos como a las 2:00 de la tarde. Me condujeron por una habitación, abrieron la puerta y me pidieron que pasara. Me quedé paralizado al verlo sentado a escasos dos metros de mí. Él me notó turbado, sin moverme y me dice: ‘Julio, ¿tú no me vas a saludar?’, y de inmediato respondí: ‘¡Comandante, cómo no lo voy a saludar!’ y nos estrechamos las manos.
 
“Fidel inició la conversación preguntándome cómo estaba transcurriendo el congreso. Le di algunas explicaciones, criterios de personas que estaban participando en el evento. Él me dio sus opiniones y de inmediato advertí que estaba al tanto de todo cuanto allí ocurría, de los pronunciamientos que hasta entonces se habían hecho relacionados, sobre todo, con la alimentación humana.
 
“Mostraba gran interés en algunas cosas. Me hacía preguntas sobre la actualidad de la agricultura, la ganadería… Recuerdo que en un momento de la conversación le dije: ¿usted quiere que le diga lo que pienso? Y de inmediato respondió: ‘para eso te mandé a buscar’.
 
“Comenzamos a hablar de las cabras. Existía un antecedente de este encuentro porque unos meses antes había enviado un compañero a nuestra UEB pidiendo que le vendiéramos algunas cabras. Solicitó exactamente 29 de esos animales y le dije: ¡qué número más ‘picúo’! Le iba a dar 30 y me respondió, ‘no, 29’. Nos esforzamos en mandarle las mejores.
 
Les pusimos cifras a nuestros más avezados productores, explicándoles que necesitábamos se esmeraran en este encargo y así lo hicieron; y antes de este encuentro ya se las habíamos enviado.
 
“Se dirigió a nosotros porque ya estaba el precedente de la amistad de él con Regino Rodríguez, destacado cabrero de esta provincia, y tenía conocimiento de que en Cienfuegos se estaba generando un movimiento de mejora genética importante, ya nos veníamos destacando en las ferias agropecuarias con los animales nuestros. Ese fue el precedente.
 
“Recuerdo la anécdota que nos contó el compañero que vino con ese encargo.

“Fidel tenía unas chivas allí y de la leche que producía, el excedente, había encargado que se la dieran a un hospital pediátrico. Nos dijo que en determinado momento Fidel se interesó en si se estaba llevando la leche al hospital y pidió hablar con la directora. Ella, sobrepuesta de la emoción de haber sido llamada por el Jefe de la Revolución, le explicó que la leche que él les hacía llegar les resultaba extremadamente útil porque la destinaban a los niños intolerantes y Fidel le preguntó que si la que se les enviaba les alcanzaba y ella le respondió la cantidad de niños que se beneficiaban de ese alimento. Sobre esa base Fidel sacó la cuenta y determinó que para satisfacer las necesidades de esos pacientes la leche que se requería eran las de 29 cabras y no 30.
 
“El Comandante en Jefe y yo estuvimos hablando cuatro horas, entre la conversación y el recorrido posterior por la finca que me ofreció a visitar. Desde el primer momento me brindaron café y té, a escoger. En varias ocasiones tomé café. Y me invitaron a probar unas “cerolas”. Esta es una especie de cereza de las que él tenía distintas variedades y recuerdo que había algunas extremadamente ácidas que eran sus preferidas.
 
“Una cerola equivale a una cantidad importante de vitamina C, porque es muy rica en esa vitamina. Recuerdo que entre las variedades que allí existían había algunas de color negro, originarias de Puerto Rico, muy dulces, y cuando me vio comiendo de esa variedad, con apetencia, me llamó y me dijo, bromeando, que le iba a acabar con ellas.
 
“Como a las 4:00 de la tarde le ofrecieron los alimentos y me preguntó si yo había almorzado. Le mentí diciéndole que sí. Mientras él almorzaba seguía conversando, preguntando. Las cabras y las plantas proteicas era el tema fundamental que abordábamos. Estaba muy interesado en una raza que había surgido.
 
“Se le conoce por Sannubia, originaria de Estados Unidos. Era la campeona mundial de ese año y, en determinado momento de la conversación, quise introducir el tema del ovino, pero me desviaba la conversación nuevamente hacia la cabra. Durante el recorrido por la finca mandó a detener el carro, me señaló una nave y me dijo que ahí tenía los ovinos y que en otro momento me los enseñaba.
 
“Hay una anécdota con el Comandante en Jefe que no quiero dejar de mencionar. Cuando nuestro encuentro llegó al final regresé de nuevo al evento y, uno de los compañeros que iba en el vehículo me preguntó qué me había parecido la entrevista con el Jefe, incluyendo a Dalia, su esposa, que nos acompañó durante el tiempo que permanecí con ellos.
 
“Sin dudar le respondí que cualquier ser humano se sentiría muy contento, orgulloso, de haber hablado con el Comandante. Y agregué: ‘Ya yo me puedo morir’. El escolta me miró muy serio y me preguntó si el Jefe me había dado alguna tarea. Le dije que sí. ‘Entonces usted no se puede morir sin cumplir las tareas que Fidel le encomendó’, respondió el compañero.
 
“Esas palabras me impactaron tanto que al conocer la muerte de Fidel fue lo primero que me vino a la mente.
 
“El Comandante en Jefe me dio tres encomiendas: Una era localizarle un grupo de animales conocidos como raciales, de primer nivel, que les conseguimos en Camagüey y él se hizo de ellos. Cumplida esta primera tarea las otras, aún no concluidas son: el desarrollo de cultivo de plantas proteicas y su uso como concentrado. En esto estamos trabajando, es algo que lleva tiempo, años pudiéramos decir; y la tercera, la mejora genética de estos animales, a lo que estamos dedicados. En estos días hemos diseñado unas líneas de crecimiento, a raíz de la muerte del Comandante en Jefe Fidel Castro, cuya encomienda la tendremos presente siempre, hasta hacerla cumplir”.