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DIFÍCIL IMAGINAR

Mi primer contacto personal con Fidel es algo que mi padre – Salvador Allende- y yo recordamos mucho. Fue en Oriente, en Holguín, cuando la inauguración de la brigada "Che Guevara". Nosotros llegamos un poco retrasados. Avanzábamos por un caminito y de pronto, entre las matas, vimos dentro de un bosquecito una tienda de campaña.

De repente divisé su perfil y su mano. Me quede parada, no atinaba ni avanzar ni a retroceder. Estaba paralizada. No podía hablar, no podía decir nada: como si estuviera tonta. Mi padre que venía detrás, me empujaba a la vez que me decía: " ¿Qué té pasa, muchacha?" Pero él se daba cuenta perfectamente de lo que me pasaba.

Después, el Comandante tiene eso que hace perder la timidez, y de pronto una no se da cuenta y está conversando con él. Es difícil que ustedes, se imaginen lo que representa Fidel para un latinoamericano.

El impacto fue definitivo. Me tocó ver concentraciones publicas, oír intervenciones de Fidel, escuchar sus planteamientos.

Durante mi primer viaje a Cuba en 1960 tuve la suerte de asistir al acto de la nacionalización –7 de agosto- de las empresas norteamericanas que se celebró en el Estadio Latinoamericano. Cuando vi a ese pueblo tan decidido, organizado y consecuente, me di cuenta que es invencible. Vi el cariño entre el pueblo y Fidel, cuando este perdió la voz por algunos minutos.

Todo el mundo estaba preocupado porque no le fuera a pasar nada. Esa concentración nunca se me olvidará.

Hay veces, cuando mi padre está con nosotros, que se pone a recordar anécdotas y de repente nos comenta que tiene deseos de volver a Cuba. En realidad parece como si tuviera nostalgia.

Tomado de: 

"Preguntas Indiscretas", Ediciones Prensa Latina
30/09/1967