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En el futuro de América

Era el 31 de diciembre del año 2002 y Fidel llegó al Aeropuerto Internacional de Brasilia vistiendo el uniforme verde olivo que lo ha acompañado durante décadas.

Él, semanas antes, había enviado un mensaje a los cubanos que fue leído en la Sesión Ordinaria de la Asamblea Nacional, donde explicaba que una picada de insecto le había provocado una linfangitis en su pierna izquierda y los médicos le habían indicado reposo. «Se me recomendó fomentos fríos de suero fisiológico y colocar la pierna de forma horizontal. No estar de pie. Se añaden unas pastillas para ayudar a la recuperación», expresó Fidel en esa detallada carta que tuvo por objetivo responder, según sus propias palabras, a «la inquietud de muchos ciudadanos por mi estado de salud».

Habían transcurrido poco más de diez días de aquella misiva. El equipo de prensa que cubriría la histórica toma de posesión del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva el 1ro. de enero de 2003 conocía suficientemente —como toda Cuba—, la hidalguía del Comandante, pero teníamos dudas acerca de su presencia en la nación suramericana debido a la dolencia que lo aquejaba. El grupo de prensa que lo esperaba era pequeño, pero dispuestos  todos para que nuestro país conociera los detalles de la esperada visita.

En medio de un júbilo desbordado descendió Fidel de su «querido y seguro IL-62». Fue caminando hacia nosotros sin prisa, pero erguido, imponente. Besos para la única dama y saludos afectuosos para los caballeros. Nadie se atrevía a preguntarle. ¡Qué dilema! El Comandante frente a nosotros, de pie, ansioso de hablar a cubanos y brasileños.

Nosotros, en cambio, paralizados ante su estatura, temerosos de contrariar la orden de los médicos, atentos de cualquier movimiento hecho con su pierna izquierda. Para la prensa cubana, en ese instante, era más importante su salud que tenerlo conversando largo tiempo, como él acostumbraba. Nadie rompía el hielo. Fueron segundos que parecieron horas. Hasta que esta reportera preguntó: —

- Comandante, ¿qué siente al acercarse otro 1ro. de enero, que ahora también pertenece al Brasil de Lula?
- —El 1ro. de enero ya no solo será cubano, ahora el 1ro. de enero es latinoamericano. La toma de posesión de Lula, mañana, será el mejor regalo para la Revolución Cubana. Estoy feliz y vengo a festejar con el pueblo brasileño.

No dijo más y respetuosamente esperó que alguien lanzase la segunda pregunta. Fidel deseaba continuar hablando. Lo sabíamos. Lo conocíamos.

Detrás de él, escoltas y médicos, con discreción absoluta, nos pidieron una pausa. El Comandante necesitaba llegar al hotel. Parecía que estábamos inmóviles, que se agotaron las preguntas, que evadimos el diálogo. Pero sus soldados de la palabra solo intentaron protegerlo, cuidarlo.

Fidel insistió: —
- ¿No hay otra pregunta?
-— Hasta mañana, Comandante.

Y aseguró: —
- Estoy alegre porque veo el despertar de la conciencia latinoamericana. Buenas noches y felicidades. Por la diferencia de horario celebren dos veces el aniversario del triunfo de la Revolución Cubana.

Sentí un golpecito cariñoso en la cabeza como el padre que da las buenas noches. Esa pierna convaleciente nos dolía mucho más que a él. Nos inquietó y, mientras, él estaba pensando en el futuro de América. (1)

1.- Relato narrado al autor especialmente para este libro. La Habana, 24 de enero de 2021.

Tomado de: 

"Yo conocí a Fidel"
24/01/2021

Fecha: 

Domingo, Enero 24, 2021 - :